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CUENTERO. Aldo Méndez.

El 18 de Junio, Aldo Méndez ‘nos contó unos cuentos’ por los institutos, invitado por Telira, primero en el Sandoval y Rojas y luego en el Vela Zanetti. Esta es la impresión que le quedó:

No sólo vino y cordero, en Aranda de Duero hay también poesía. Porque
aunque no rima con su nombre en esta tierra cantan la poética maravillosa
se sus paisajes y de su cielo (dato que me aporta Olga Araúzo) y la de sus
gentes. Vive en esta ciudad la poesía que hace de lo cotidiano oficio y que
permite que Telira (Tertulia Literaria Ribereña y Arandina) defienda con
palabras y con hechos LA PALABRA.
La Palabra que funda y que nombra, la que reinventa los caminos,
las raíces y las alas; la que nos hace libre y que libera al mundo, sin
aspavientos, de las ataduras que se forjan en el absurdo griterío del
libertinaje.
Como una premonición de horizontes el mar de Candás me regaló la suerte
de conocer a Olga y a Antonio, un matrimonio de poetas y amigos que
conocí en septiembre cuando el otoño aún no era certeza. Me sorprendió la
mudez de Antonio, me sorprendió la cantinela de Olga que cojea del mismo
pie que yo, la incontinencia verbal.
Me atraparon definitivamente, cuando Arenasil, a través de la voz de su
mujer (creo que aquí cabe el término) navegaba callado por su horizonte
de silencios y se apoderaba de la poesía para confesar su nueva verdad, su
nueva lucha. Yo quedé preso y ofrecí mis abrazos y dejé mi número por si
el azar tejía puentes.
Y he aquí que Olga propuso que mi voz se fuera hasta su tierra, en la que
ya había estado, de paso, como en tantas otras, a colgar mis palabras en
orejas que se prestaban a participara de la magia de los cuentos.
Olga propuso y Telira hizo posible que volviera a contar mis historias, las
que a fuerza de creerlas verdad suena propias y las propias que me invento
para dar a Meneses el lugar que le corresponde en la Historia Universal.
Yo que soy palabrero desatado, intento ser coherente y decir la palabra
justa, la perfecta para definir una mañana de cuentos que demostró lo que
más de una vez he dicho porque es principio de mi trabajo: un cuento
nunca vive por la voz que lo narra sino por la oreja que lo escucha.
Fueron adolescentes, tantos que me asusté de no poder llevarlos a mi
terreno o al de los cuentos, del que soy un mero transmisor. Y yo con mis
miedos y mis verdades parece que les convencí, no sé si por sus ganas o las
mías, no si porque los cuentos fueron acertados o porque el ser humano es
esencialmente comunicación y afecto, pero tengo la certeza, la convicción,
de que fue lindo y auténtico y fue una verdad que atrapó las escuchas
y puso asombros en las bocas y luces en los ojos (Modestia ¡Apártate!)
Y me quedé con ganas porque le es inherente al humano disfrutar, hasta la
saciedad o el delirio, de aquello que le hace la vida agradable, dichosa…
Por eso me reafirmo: En Aranda de Duero hay también poesía, la que
defienden y crean los amigos de Telira y la que puebla el imaginario de sus
habitantes, de sus adolescentes, esos que parecen pasar de largo por la vida
pero que se detienen ante la palabra que les convoca desde la sinceridad,
de los afectos; lugar en el que crece y del que se nutre el poético oficio del
cuentero.
Gracias, poetas de Telira, por poner alas y fundar caminos para las
palabras que el tiempo de las prisas acorrala. Gracias por contar con mi voz
y hasta siempre

Para más información sobre Aldo: http://ctlcuento.blogspot.com/

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